
Apareció una noche, sin tón ni són, el cepillo estaba apoyado en la pared, y las entrañas de la caja ya habían vomitado lo poco que podían. - ¿esta abierto? -eso parece
Hasta el segundo trago esa fué toda la conversación, pero en cuanto el alcohol empezó a cumplir su función, el escurridizo nudo de la lengua pareció aflojarse y empezó a escupir palabras sueltas. No tenía especial intención de jugar a los crucigramas, pero tampoco me esperaba ninguna fiesta en mi honor, así que casi sin querer empezé a hilarlas mientras jugaba con un papelillo a envolver humo.
Famoso-triunfos-carreras-tristeza-correr-ganar-medallas-dinero-vida-mierda
Aquello parecía un poco dificil, asi que puse un tercer y cuarto vaso en la barra, uno para empujarle a hablar y otro para ayudarme a entender. Las cosas con intención siempre hacen efecto, a veces incluso el que uno pretende, aquella fué una de esas veces. En la barra las conversaciones entre dos a veces son tan dificiles como darle al barco de uno en una guerra de barcos, hay que acertar en latitud y altitud, hay que estar al mismo nivel, encontrar el canal de comunicación y aferrarse a el.
Aquel tipo había sido un gran corredor, al menos eso aseguraba, durante años su vida había transcurrido en pistas de atletismo, entrenando, corriendo, entrenando, corriendo, dejandose la vida cortando el aire, mofletes al viento. Eso había estado bien, por lo que contaba, pero un día empezó a ganar, objetivo ¿conseguido?... eso al menos era lo que parecía. A medida que las carreras se sucedían una extraña sensación le embargaba en lo alto del podio. No era feliz. Había dedicado años de esfuerzo y sacrificio para lograr estar ahí, y cuando lo había logrado la recompensa era el vacio. Miraba a su lado, al segundo y tercer clasificado y una sonrisa alegre junto con una mirada de envidia marcaban sus rostros, pero él estaba vacio.
Un día, al entrar por linea de meta, el primero, por supuesto, no dejó de correr. La gente en las gradas se levantó de sus asientos, sin entender muy bien porqué aquel tipo no respetaba las reglas del juego... estaría loco, claro. Pero la sensación de alegría volvió a su rostro. Eso era lo que le gustaba, lo que le hacía feliz... correr. Así que siguió corriendo, corriendo. Salió del estadio y se fué a su casa sin parar. Y eso hizo un día tras otro, correr. Sin más.
Pero el mundo no está echo para que la gente busque su propia felicidad, sinó para seguir un orden esquemático. Los patrocinadores abandonaron aquel absurdo juego y dejaron de financiarle, los bancos del dinero le repudiaron, y tuvo que cambiarlos por los del parque. Pero el siguió corriendo, corriendo... hasta que le llevaron al centro. Allí doctores con batas, eminencias en el hacer felices a los demás, le atiborraron de pastillas para tratar de reconducir su modus vivendi, asi que ya no era feliz ni corriendo. Ahora de vez en cuando, buscaba un podio con trago, un pedestal con rampa de bajada, que le hiciera cojer carrerilla para correr, correr, correr...
Otra vez
ResponderEliminara volar en picado
a remar rio arriba.
Entrelazamos lo que somos
conscientes de que las arrugas
no nos libran.
Otra vez
los vasos llenos
los besos vacíos
los abrazos huecos
Mirábamos al futuro pensando
que llegaría ese día
y ahora ellas nos enseñan a masticar
su pasado,
nuestro principio,
otra vez
el pescao con espinas